The Origin of the English Language II

As you will remember from my previous article on the origin of English, it is a close relative of German, even if Present day English does not bear much resemblance to its “cousin”. We must take into consideration that although both languages had a great part of their vocabulary in common to begin with, in the case of English, only 85% of it survived the Norman invasion – above all basic vocabulary -. Now, let’s see some basic similarities.

 

We can find several similarities in lexicon, such as the existence of some words in Present day English and German whose origin can be traced right back to Old English:

OE sprecan / PdG sprechen / PdE speak

OE nū / PdG nur / PdE  now  

OE cū / PdG Kuh / PdE cow 

OE cyning / PrG König/ PdE king

and others whose resemblance to Modern German is patent, while the equivalent terms in Present day English are no longer their descendants:

OE burg / PdG Burg (castle) / PdE fortress

OE beame / PdG Baum / PdE tree

OE þū / PdG du / PdE you

OE oððer / PdG oder / PdE or

OE scīene / PdG schön / PdE beautiful

OE niman / PdG nehmen / PdE take

another similarity which links Old English to Present day German is the prevalence of self-explained compounds:

hydrogen – Wasserstoff (water-stuff), telephone – Fernsprecher (far speaker)

lēohtfæt – lamp-lēoht (lēoht = light, fœt = vessel)

fiellesēocnes – epilepsy (falling sickness)

If we look at its grammar, Old English resembles German more than it does Present day English:  nouns and adjectives have four cases, adjectives have three separate forms, one for each gender, and verb inflection is less elaborate than that in Latin but yet it has distinct endings for person, number, tense and mood, and we can also find a remarkable resemblance since we start studying verb conjugation:

infinitive – bīdan(remain) / present simple, second person singular – bītst, third person singular – bīt(t)

Old English, a synthetic language just like Modern German, contrasts in the most striking manner with Present day English due to the complete absence of inflections in the latter, where this kind of complexity is unnecessary, as it conveys meaning – as an analytic language – through the placing of the words alone, without resorting on inflectional morphemes. As a Germanic language, Old English developed a twofold declension; a strong declension which is used with nouns when they are accompanied by a definite article or similar (demonstrative, possessive pronoun), and a weak declension, used when the noun is preceded by such determinants, which has remained in use in Present day German, whereas in Present day English adjectives bear no inflections at all.

gōd cnæpling- gut Junge

sē gōda cnæpling-der gute Junge

 

 

 

 

 

 

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Gottfried Benn y las descomposiciones del cuerpo

El poeta alemán Gottfried Benn (1886 – 1956) cuenta con una producción literaria variada y de gran influencia tanto antes como después del III Reich. Sin embargo, hay una parte de su obra que concentra la atención de los lectores debido a lo peculiar de su temática.

Horse's skull in blueBenn escribe sobre todo poesía en el período anterior a la Primera Guerra Mundial, durante ésta y tras su conclusión. Sin embargo, su temática no está directamente relacionada con la guerra. Su producción poética en esta época, más concretamente entre 1912 y 1919, se conoce como su etapa expresionista, e incluye su obra más conocida: “Morgue und andere Gedichte” (“Morgue y otros poemas”), en la que queda patente su formación como médico en sus aparentemente asépticas descripciones de cadáveres y autopsias, utilizando un lenguaje carente de emotividad ante el hecho de la muerte. Así, en el poema “Schöne Jugend” (“Hermosa juventud”), resulta chocante la identidad de los receptores de su ternura y su contraposición al desapego mostrado hacia la muerte en plena juventud de un espécimen de su propia especie, desplazando los sentimientos que esperamos que exprese por éste en una dirección inesperada:

“La boca de una muchacha que había reposado largamente en el cañaveral

estaba muy roída.

Cuando se abrió el pecho, el esófago estaba muy agujereado.

Al final, en una glorieta debajo del diafragma,

apareció un nido de ratas jóvenes.

Una de las pequeñuelas estaba muerta.

Las otras se nutrían de hígado y riñones,

bebían la sangre helada y habían

pasado allí una hermosa juventud.

Y hermosa y rápida les llegó también la muerte:

las tiraron todas al agua.

¡Ay, cómo chillaban los tiernos hociquillos!”

El notable desapego que muestra por el “ente físico” que yace en la mesa pareciendo representar únicamente la rutina en el trabajo de un médico forense evoca de alguna manera las meditaciones sobre las Diez Descomposiciones del Cuerpo en el budismo. En ellos, el meditador contempla cuerpos muertos en distintos estados de descomposición, mediante su inspección y posterior visualización, supervisado por un maestro, para corregir el excesivo apego a la belleza, los placeres sensuales y comodidades. No obstante, el desapego no es absoluto, pues muestra ternura y compasión por los pequeños seres que representan la vida brotando de la muerte, y su repentino final, segando sus vidas en el comienzo de su hermosa juventud. Personas y animales se equiparan, resultando sus vidas igual de frágiles e impermanentes y sujetas a la misma temporalidad.