Gottfried Benn y las descomposiciones del cuerpo

El poeta alemán Gottfried Benn (1886 – 1956) cuenta con una producción literaria variada y de gran influencia tanto antes como después del III Reich. Sin embargo, hay una parte de su obra que concentra la atención de los lectores debido a lo peculiar de su temática.

Horse's skull in blueBenn escribe sobre todo poesía en el período anterior a la Primera Guerra Mundial, durante ésta y tras su conclusión. Sin embargo, su temática no está directamente relacionada con la guerra. Su producción poética en esta época, más concretamente entre 1912 y 1919, se conoce como su etapa expresionista, e incluye su obra más conocida: “Morgue und andere Gedichte” (“Morgue y otros poemas”), en la que queda patente su formación como médico en sus aparentemente asépticas descripciones de cadáveres y autopsias, utilizando un lenguaje carente de emotividad ante el hecho de la muerte. Así, en el poema “Schöne Jugend” (“Hermosa juventud”), resulta chocante la identidad de los receptores de su ternura y su contraposición al desapego mostrado hacia la muerte en plena juventud de un espécimen de su propia especie, desplazando los sentimientos que esperamos que exprese por éste en una dirección inesperada:

“La boca de una muchacha que había reposado largamente en el cañaveral

estaba muy roída.

Cuando se abrió el pecho, el esófago estaba muy agujereado.

Al final, en una glorieta debajo del diafragma,

apareció un nido de ratas jóvenes.

Una de las pequeñuelas estaba muerta.

Las otras se nutrían de hígado y riñones,

bebían la sangre helada y habían

pasado allí una hermosa juventud.

Y hermosa y rápida les llegó también la muerte:

las tiraron todas al agua.

¡Ay, cómo chillaban los tiernos hociquillos!”

El notable desapego que muestra por el “ente físico” que yace en la mesa pareciendo representar únicamente la rutina en el trabajo de un médico forense evoca de alguna manera las meditaciones sobre las Diez Descomposiciones del Cuerpo en el budismo. En ellos, el meditador contempla cuerpos muertos en distintos estados de descomposición, mediante su inspección y posterior visualización, supervisado por un maestro, para corregir el excesivo apego a la belleza, los placeres sensuales y comodidades. No obstante, el desapego no es absoluto, pues muestra ternura y compasión por los pequeños seres que representan la vida brotando de la muerte, y su repentino final, segando sus vidas en el comienzo de su hermosa juventud. Personas y animales se equiparan, resultando sus vidas igual de frágiles e impermanentes y sujetas a la misma temporalidad.

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